jueves 22 de febrero de 2007

“Yo tenía una granja en África, a los pies de las colinas del Ngorongoro”.

Cuando mi imaginación pronuncia esta frase (con muchas ges en medio, en un intento chapucero por imitar el acento danés de Karen Blixen en Memorias de África) se conjuran imágenes de cumbres brumosas de montañas en África. Muy tranquilas, nada de rugidos o manadas corriendo. Niebla deshaciéndose en un amanecer fresco. En primer plano, Karen-Isak-Meryl –tres personas en una sola-, vestida con uan holgada bata de lino crudo, tomando su té inglés en tazas color crema de porcelana de Limoges, delicadísimas, sobre manteles de lino también crema cubriendo la mesa del porche de su granja mientras suena en la distancia, dentro de la casa, la melodía suave, casi imperceptible, de un gramófono.
Después imagino, en otro punto del globo, una mujer vestida de negro con deportivas blancas que toma un té aguado en un vaso de papel tamaño XXL mientras se apresura esquivando peatones y coches por una concurrida avenida en medio de una banda sonora de bocinazos. Y pienso: no es lo mismo. Recuerdo un anuncio de coches cuyo eslogan era precisamente ese: “no es lo mismo.” El lema, por sí solo, no es revelador, pero en el spot publicitario iba acompañado de imágenes comparativas entre distintas formas de hacer lo mismo. Por ejemplo, dormir. Tumbado en una cama mullida, caliente y abrazado por un ser querido o dormir malamente sobre un duro asiento de metro, cabeceando sobre un desconocido que mira con cara de asco y enfado. Llamamos a las dos cosas por el mismo nombre, pero poco tiene que ver la una con la otra.

Mi vida en una ciudad de tamaño medio poco se parece a la Karen en las colinas del Ngorongoro, pero me resisto a ser la mujer del vaso XXL. Cuando el apresuramiento y la urgencia me apremian, anhelo mi instante Karen Blixen. Busco la música adecuada como banda sonora (Caetano Veloso puede servir). Elijo, entre los frascos, el con aroma de canela y naranja. Mientras el agua hierve, miro por la ventana. La ría está bajando: va vaciándose. Gente con ropa oscura camina silenciosa con los paraguas sin abrir. Entre las nubes gris oscuro se cuelan atrevidos un par de rayos de sol que se reflejan en las paredes de los rascacielos acristalados. Es una vista muy diferente a las colinas africanas, pero dentro de mi casa también suena una melodía suave, casi imperceptible, cantada con dulce acento portugués, mientras tomo mi té.

viernes 16 de febrero de 2007

Miro las fotos de la pasarela Cibeles para ver si lo que sacan se parece a lo que nos podemos poner en la vida real. Como no sean los colores... Para empezar los diseñadores sacan a pasarela modelos que luego no se venden en las tiendas, simplemente porque no son ponibles. Los desfiles tienen que ser muy vistosos y originales pero luego, en el día a día, lo que quieren es vender a la mujer que tiene que ir a trabajar, o llevar al niño al autobus o sacar al perro a pasear, o todo a la vez. Vamos que nada de fieltros y cuerdas atadas a la cabeza o de cascos que tapan media cara, que luego los compañeros de clase de tu hijo le dicen que su mamá es batman (u otro superhéroe peor)

También está el recurso de mirar las pasarelas pensando: "eso lo tengo yo guardado de los años 80." Digase leggins, jerseys oversized, bolero de piel o pantalones boyfriend. Desengañate: algo, algo le habrán cambiando (además del nombre) para que a ti el vintage casero te salga por la culata.


Me consuelo porque se siguen llevando el negro y el gris!! los básicos de mi armario en invierno.

jueves 15 de febrero de 2007

Tras una pelea a muerte con las sábanas y la almohada, consigo levantarme con un esfuerzo titánico. Me arrastro por el pasillo hasta el cuarto de baño. Me busco en el espejo —no tengo ojos todavía— y sigo el mismo ritual de cada día : me lavo la cara, exprimo el zumo, pelo la fruta, tuesto el pan, caliento la leche... Pero sigo dormida. No dejo de pensar en cuándo llegará el momento de meterme en la cama otra vez. Tengo la sensación de que va a resultar imposible llegar al final del día . Empiezo a pensar qué excusa podría inventarme para no ir a trabajar, cómo podría escaquearme. Y de pronto, como si despertara de mi letargo, me doy cuenta de que tengo que ir a trabajar y empiezo a darle vueltas a qué me voy a poner hoy.

Surge el gran dilema de cada día. Para resolverlo sigo varios pasos que, para mi, son fundamentales.

1. Salgo al balcón. Allí hago una recogida múltiple de datos. Miro el termómetro, el cielo a ver si amenaza lluvia y la gente, a ver que pinta lleva. Si van encogidos, mal asunto, hace frio. Por debajo de mi balcón hay muchos corriendo en pantalón corto (que locura a esas horas) y claro, esos no me sirven de referencia.

2. Proceso la información recopilada y la mezclo con las ganas que tengo de ponerme eso que me he comprado hace poco o eso que tengo para estrenar.

3. Me enfrento a mi armario. Tuerzo el morro. Imagino que a Victoria Beckham se iluminará la cara cada vez que abra su armario. Aunque luego se le tuerza el morro por no-sabemos-que. En su blog parece feliz de la vida. Leedla, ya vereis.

4. Empiezo a colocar las prendas sobre la cama. Zapatos y abrigo/chaqueta/top, luego continuo completando el puzzle, pantalón, complementos... Las piezas se pueden variar en cualquier momento. Pero cuando el puzzle está aprobado, no hay posibilidad de cambio. Es infalible.

5. Me lo pongo y muy importante: no me miro al espejo. La decisión está tomada y no hay marcha atrás. Porque, si me miro al espejo, indefectiblemente me veré mal y tendré que cambiarme y empezar el proceso completo otra vez.

6. Salgo de casa corriendo y me doy brillo de labios por las escaleras.

Pie de foto: top tirantes negro con puntilla de Massimo Dutti, pitillo vaquero Billabong y sandalias planas cobre de Bimba y Lola.
Te despierta un pitido infernal que provoca una respuesta refleja de tu brazo palmoteando a ciegas en la oscuridad. El pitido infernal se repite al de unos segundos, provocando el mismo palmoteo reflejo. Sigues durmiendo... un tercer pitido te hace abrir un ojo y ver los numeros luminosos. Una de dos: o pesas trescientos kilos o tienes una gorda de trescientos kilos tumbada encima. Hoy va a resultar imposible levantarse de la cama...

Continuará.
Bolsos muy especiales que, además, puedes customizar al máximo, ya que te los hacen según pedido. Ambosia pitigil en Bilbao. Con broches, orquillas...a juego del bolso para las natachas a las que les encanta ir combinadas.

miércoles 14 de febrero de 2007

Miren ha traido hoy una blusa preciosa comprada a mitad de precio en:
DOBLE A; C/ Fuencarral, 31. Madrid- Tel: 91,522,55,28. Sus comentarios: "Esta tienda tiene unas cosas preciosas de todas las marcas, jocomomola, besltaf, homeless, miss sixty...... baratas y caras pero es super bonita. Creo que hay otra en Serrano. "
Tienes que pasar toda la tarde en al oficina esperando que de la hora para salir corriendo a las tiendas. ¿Qué hacer? buyvip siempre entretiene un rato. Puedes ojear sus promociones, que cambian cada cuatro días. Hay muchas cosas que no interesan pero, de vez en cuando, sacan marcas que están bien. Y funciona. Nosotras compramos bolsos de fun&basics y llegaron tal y como aparecían en las fotos, en el plazo prometido y sólo cobran 6 euros de gastos de transporte.
Mercadillos, outlets, saldos, donde hacerse las mechas más barato, muestrarios de marcas, fiestas de diseñadores, tratamientos que funcionan, qué se lleva con qué, el fondo de armario sin fondo...

todo esto y mucho más, pronto.

En Bilbao, Donosti... enviadas especiales en Madrid.