jueves 15 de febrero de 2007

Tras una pelea a muerte con las sábanas y la almohada, consigo levantarme con un esfuerzo titánico. Me arrastro por el pasillo hasta el cuarto de baño. Me busco en el espejo —no tengo ojos todavía— y sigo el mismo ritual de cada día : me lavo la cara, exprimo el zumo, pelo la fruta, tuesto el pan, caliento la leche... Pero sigo dormida. No dejo de pensar en cuándo llegará el momento de meterme en la cama otra vez. Tengo la sensación de que va a resultar imposible llegar al final del día . Empiezo a pensar qué excusa podría inventarme para no ir a trabajar, cómo podría escaquearme. Y de pronto, como si despertara de mi letargo, me doy cuenta de que tengo que ir a trabajar y empiezo a darle vueltas a qué me voy a poner hoy.

Surge el gran dilema de cada día. Para resolverlo sigo varios pasos que, para mi, son fundamentales.

1. Salgo al balcón. Allí hago una recogida múltiple de datos. Miro el termómetro, el cielo a ver si amenaza lluvia y la gente, a ver que pinta lleva. Si van encogidos, mal asunto, hace frio. Por debajo de mi balcón hay muchos corriendo en pantalón corto (que locura a esas horas) y claro, esos no me sirven de referencia.

2. Proceso la información recopilada y la mezclo con las ganas que tengo de ponerme eso que me he comprado hace poco o eso que tengo para estrenar.

3. Me enfrento a mi armario. Tuerzo el morro. Imagino que a Victoria Beckham se iluminará la cara cada vez que abra su armario. Aunque luego se le tuerza el morro por no-sabemos-que. En su blog parece feliz de la vida. Leedla, ya vereis.

4. Empiezo a colocar las prendas sobre la cama. Zapatos y abrigo/chaqueta/top, luego continuo completando el puzzle, pantalón, complementos... Las piezas se pueden variar en cualquier momento. Pero cuando el puzzle está aprobado, no hay posibilidad de cambio. Es infalible.

5. Me lo pongo y muy importante: no me miro al espejo. La decisión está tomada y no hay marcha atrás. Porque, si me miro al espejo, indefectiblemente me veré mal y tendré que cambiarme y empezar el proceso completo otra vez.

6. Salgo de casa corriendo y me doy brillo de labios por las escaleras.

Pie de foto: top tirantes negro con puntilla de Massimo Dutti, pitillo vaquero Billabong y sandalias planas cobre de Bimba y Lola.

3 comentarios:

Metamorfosi dijo...

Ya me pasaré por aquí de vez en cuando. Soy de las que se deprimen a la hora de enfrentarse al armario.... Aunque me has dejado algo desconcertada: no sé dónde situarte en top de tirantes y sandálias a mediados de febrero, siguiendo la pasarela de Cibeles. Tendré que seguir leyéndote, cosa que será un placer.

Saludos!

Natacha dijo...

Ja, ja.. tienes razón. Y es que, ¡qué fácil es vestirse en verano! Con un vestidito y unas sandalias estás vestida. Pero ahora...en pleno invierno hay mil piezas que combinar. He includio esa foto para facilitar el entendimiento del método de la "cama".

quemepongo dijo...

Tu relato de las mañanas me resultó familiar.
No uso el método del rompecabezas, al menos en la cama, todo está en mi cabeza, antes de la ducha ya sé lo que uso ese día.
Lo del brillo en los labios es fantástico, ilumina hasta la cara de sueño más demacrada.
Faltan los anteojos, mientras más sueño más grande son. Total, que para eso se crearon los accesorios, para hacernos brillar cuando estamos liquidadas.
Que bueno leerte, aquí me tendrás espiando a ver que cuentas.
Un abrazo de quemepongo